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El mundo es Big Data. El presente y futuro de la “nube”

Nuestro mundo está lleno de Big Data. Cuando vamos al supermercado y, al pagar, damos nuestra tarjeta de socio. O cuando nos registramos en una web o en un foro y damos nuestro correo electrónico. O cuando hacemos una reserva hotelera con nuestros datos personales. O cuando subimos las fotos del fin de semana en el campo a Instagram, etiquetando a nuestra pareja, nuestros amigos y los lugares por los que hemos pasado.

Datos y más datos que no se “pierden” en el aire. Esta información se almacena y permanece en las redes sociales, en las búsquedas de Internet, en ficheros de empresas y, en definitiva, en la aún imprecisa “nube”.

Una avalancha de información que ya revoluciona la forma de entender la estrategia empresarial: el cliente vuelve a tener la razón, y nos cuenta qué necesita, qué le gusta y qué le desagrada continua y reiteradamente. ¡La revolución de la  economía digital (que al fin y al cabo engloba todas las economías)!

Nos hemos convertido en “homo digitalis” con una velocidad pasmosa. Ha sido una evolución rápida y sin retorno, en la que nos hemos adaptado a nuevas formas de interacción y venta. Cada vez producimos más y más información a través de más dispositivos, con más aplicaciones y con mayor potencial de transmisión. Todo ello con “aparatos” interconectados que permiten que toda la información sea asimilada, compartida y transformada casi al instante.nube 2

Según la UE, cada minuto se generan datos suficientes como para llenar el equivalente a 360.000 discos DVD. Y la previsión es que esta vorágine aumente en un 200% en los próximos cinco años.

Aunque ojo: el Big Data no es solo un gran ordenador que almacena millones de datos. Es el saber cómo convertir esa información en claves que me ayuden a mejorar mi estrategia.  Conocimiento puro y duro que nos sirva de asistencia para la toma de decisiones, separando los datos relevantes de los no relevantes.

Las previsiones —y las expectativas— respecto a lo que se puede hacer con esa información son apabullantes. Según un estudio de la consultora MGI, citado por la OCDE, si los 23 mayores Gobiernos de Europa implementasen por completo sistemas de big data, podrían reducir sus costes entre un 15% y un 20%, acelerar la productividad medio punto durante los próximos 10 años y generar entre 150.000 y 300.000 millones de euros (el equivalente a alrededor del 1% del PIB de la UE).

Ahora muchos de vosotros pensaréis: “Ya conozco las bondades del Big Data, pero… ¿cómo se gestiona y utiliza?”

Uno de los principales problemas con el que se encuentran las empresas es cómo obtener inteligencia de los volúmenes enormes de datos que, además, cambian continuamente y con los que los clientes interactúan cada minuto. Los usuarios ya no son solo nombres, apellidos y direcciones postal; ahora hay cuentas de redes sociales, páginas web, aplicaciones móviles, varias tarjetas de socio, tarjetas de crédito…

Para obtener Big Data necesitas, especialmente, el don de la omnipresencia: estar disponible en todo momento, en toda plataforma y en todo dispositivo. Estar siempre en red. Funcionar solo en horario de oficina es un error, un quiero y no puedo de las marcas que no son conscientes de que, para triunfar, hay que adaptarse a las costumbres del nuevo cliente. A lo que podemos sumar el daño al prestigio de una marca.  Un estudio de 2011 del Instituto Ponemon calculó que cada minuto en el que un servidor está fuera de servicio le cuesta a una empresa una media de 5.617 dólares (4.400 euros).



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